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Tiempo Ordinario

Lunes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario, Conmemoración de todos los fieles difuntos

Lunes, 2 de noviembre de 2026

3 min de lecturaConmemoración de todos los fieles difuntos

Lectura rápida

Resumen de las lecturas de hoy en pocas frases.

Primera lectura

Ap 21, 1-5. 6b-7

San Juan contempla la visión de un cielo nuevo y una tierra nueva donde Dios habitará para siempre con su pueblo. En esta morada celestial el Señor enjugará toda lágrima, transformando la creación y haciendo desaparecer la muerte, el luto y el dolor.

Salmo responsorial

Sal 26, 1. 4. 7. 8b-9. 13-14

El salmista expresa su confianza absoluta en Dios como luz y refugio, anhelando contemplar la bondad del Señor en la morada eterna.

Evangelio

Lc 24, 1-8

Al amanecer, las mujeres acuden al sepulcro y encuentran la tumba vacía, sin el cuerpo de Jesús. Dos mensajeros celestiales les anuncian la victoria pascual preguntándoles por qué buscan entre los muertos al que está vivo. Al recordar las palabras que el Señor les había anunciado en Galilea sobre su resurrección, su desconcierto se transforma en fe.

Palabra del Día

Lunes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario, Conmemoración de todos los fieles difuntos

Lunes, 2 de noviembre de 2026

Evangelio: Lc 24, 1-8

“La liturgia en la Conmemoración de todos los fieles difuntos nos abre a la luminosa certeza de la resurrección…”

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Para llevar en el día

La liturgia en la Conmemoración de todos los fieles difuntos nos abre a la luminosa certeza de la resurrección en Cristo. El sepulcro vacío y la promesa de un cielo nuevo renuevan nuestra esperanza en la vida eterna para quienes nos han precedido. Te invitamos a leer y meditar las lecturas completas para encontrar consuelo y fortaleza en la Palabra de salvación.

Leer los textos completos

Lectura completa

Los textos de las lecturas y del Evangelio de hoy, para leer con calma.

Primera lectura

Ap 21, 1-5. 6b-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.

Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».

Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la Vida. El vencedor heredará estas cosas, y Yo seré su Dios y él será mi hijo».

Salmo responsorial

Sal 26, 1. 4. 7. 8b-9. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

O bien:

R. Contemplaré la bondad del Señor.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.

Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, ¡apiádate de mí y respóndeme! Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.

Evangelio

Lc 24, 1-8

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que Él les decía cuando aún estaba en Galilea: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día”». Y las mujeres recordaron sus palabras.

Textos tomados de la liturgia diaria publicada por Eucaristía Diaria , del Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago. Los resúmenes y la reflexión son un complemento y no sustituyen a la celebración ni a la fuente oficial.

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